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Saro, el Caudillo Godo olvidado

 
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tutwolf
Odinista


Registrado: 09 Jul 2008
Mensajes: 54
Ubicación: Cataluña

MensajePublicado: Lun Sep 15, 2008 11:51 pm    Título del mensaje: Saro, el Caudillo Godo olvidado Responder citando

Hay personajes en la historia cuya grandeza eclipsa la presencia de otros que, pese a contar con unas cualidades y una potencialidad semejantes, ocupan siempre un lugar secundario en los libros de historia. Estos personajes aparecen de manera fugaz en las fuentes y es muy difícil seguirles el rastro y reconstruir su vida. El caudillo godo Saro (o Sarus) es, en la tragedia de la caída del Imperio Romano, un personaje secundario, oscurecido por figuras como Estilicón, Alarico, Aecio o Atila. Y sin embargo, no fue inferior en cualidades, valor y ambición a esos grandes personajes, sencillamente, tuvo menos suerte. Con algo más de fortuna Saro hubiera podido ser un segundo Estilicón o un segundo Alarico, de hecho intentó ser ambas cosas.

Saro era físicamente un gigante, dotado al parecer de una fuerza hercúlea. Su valor estaba fuera de cualquier duda y sus dotes militares eran reconocidas por amigos y enemigos. Sus seguidores le profesaban una fidelidad que rayaba el fanatismo. Era un hombre ambicioso, pero no menos que Alarico o Estilicón. Su vida y su carrera se vieron marcadas por dos factores clave: su carácter impulsivo y, especialmente, el odio casi irracional que sentía por Alarico y su linaje. De hecho, la historia de Saro es realmente la historia de ese odio.

Cuando Saro entra en escena por primera vez aparece integrado en el ejército de Alarico. En el año 401 éste líder visigodo invadía Italia por primera vez. Tras sitiar Mediolanum (1) y poner en peligro la vida del propio emperador Honorio, los visigodos sufrieron dos importantes derrotas a manos del magister militum Estilicón en Pollentia (2) y Verona. Tras esa última batalla Alarico se vio cercado por las tropas imperiales en un área montañosa. Después de varios días el cansancio y el hambre empezaron a hacer mella entre los sitiados y un gran número de guerreros godos desertaron y se pusieron bajo las órdenes de Estilicón. Cuando todo parecía perdido Alarico logró, una vez más, escapar del cerco y huir hacia las provincias ilíricas.

Parece ser que entre los godos que abandonaron a Alarico para ponerse al servicio de Roma se encontraba Saro. Probablemente se trataba del guerrero más prestigioso de los que ese día cambiaron de bando. Alarico jamás le perdonaría su traición. Pero sin duda Saro no veía su acto como una traición. Si como afirman algunos autores, Saro pertenecía al linaje de los Amalos, reyes de los godos en su antiguo imperio al norte del Danubio, éste tenía que haber soportado mal estar a las órdenes de Alarico, de la familia de los Baltos, un linaje que consideraría inferior. La gota que colmaría el vaso de la paciencia de Saro sería la proclamación de Alarico como rey de los godos en el 401, justo antes de la invasión de Italia. Saro vería el título de rey como algo propio de su familia y pensaría sin duda que Alarico no era digno portador de la corona. De todos modos parece probable que el odio mutuo que se profesaban los dos caudillos godos viniera de mucho tiempo atrás y tuviera raíces profundas y antiguas puesto que en varias ocasiones es descrito como un odio hereditario y familiar.

Saro se ganó la estima de Estilicón, y su carrera en el ejército romano estuvo marcada por el éxito, confiándosele mandos cada vez más importantes. Así, durante la invasión de Radagasio (405-406) el victorioso ejército de Estilicón incluía, además de los comitatenses (3), sendos contingentes de foederati (4) hunos y godos. Los foederati godos estaban al mando de Saro. El expediente de Saro sufrió un borrón cuando en el año 407 Estilicón le encomendó la misión de pasar a la Galia y acabar con la usurpación de Constantino. Saro estaba al mando de un ejército que, al parecer, incluía no solo foederati godos, sino también comitatenses. Los inicios de la campaña fueron victoriosos y la fortuna sonreía al godo que logró derrotar a los dos ejércitos del usurpador que le salieron al paso, acabando con la vida de los generales que los dirigían (Justiniano cayó en combate y Nebiogastes fue asesinado a traición ). Saro sitió a Constantino en la ciudad de Vienna (5), pero a los siete días llegó un ejército de auxilio al mando de Geroncio, nuevo magister militum del usurpador. Cogido entre ese ejército y las murallas, Saro fue derrotado y tuvo que retirarse hacia Italia. A la humillación de regresar derrotado se sumó la de tener que comprar con sus bagajes y botín el paso franco a través de los puertos alpinos dominados por bandas de bagaudas y bandidos.

En agosto del año 408 los comitatenses acantonados en Ticinum (6) se revelan contra Estilicón como consecuencia de una conjura palatina dirigida por Olympio y consentida por el emperador Honorio, convencido de que la ambición del general suponía un peligro para su trono. La primera acción de los amotinados será asesinar a todos los altos cargos imperiales fieles a Estilicón que se encontraban en Ticinum. Ese día murieron, entre otros, el prefecto del pretorio de Italia, el prefecto del pretorio de Galia, el magister equitum, el magister peditum, y el comes domesticorum. El gobierno imperial quedó descabezado. Estilicón se encontraba en el campamento de los foederati en Bononia (7) cuando llegaron noticias de la matanza. Los líderes de los auxiliares bárbaros, entre los que destacaba Saro, urgieron a Estilicón para que los guiara contra los amotinados, incluso se oyeron voces que instaban al general a ceñirse la diadema imperial. Pero Estilicón vacilaba, desconocía el papel de Honorio en el complot y no quería abocar al ejército romano a la autodestrucción enfrentando a comitatense y foederati. Estilicón decidió esperar a que se aclarase la situación, pero Saro interpretó su indecisión como un indicio de debilidad y llegó a la conclusión de que Estilicón estaba acabado y los foederati necesitaban un líder fuerte que los guiase. Naturalmente ese hombre era el propio Saro. Esa noche él y sus hombres se abrieron paso hasta las tiendas de Estilicón liquidando a la guardia huna que protegía al general. Estilicón logró salvar la vida huyendo a Rávena, pero esto solo retrasaría lo inevitables puesto que en esa ciudad encontraría la muerte bajo la espada de un oficial romano llamado Heracliano, que sería recompensado por Honorio con el mando del ejército comitatense de África. El imperio había perdido a su héroe, ¿quién lo salvaría ahora?

Si los planes de Saro eran sustituir a Estilicón al mando del ejército romano, o al menos de los foederati, los acontecimientos se encargarán de dar al traste con sus planes. Cuando la noticia de la caída del “barbaro” Estilicón se fue extendiendo, se desató entre la población del norte de Italia la ira anti-germana contenida hasta entonces (hay que recordar que en los últimos años habían sufrido dos invasiones y se habían visto obligados a alojar en sus casas y ciudades en virtud de las leyes del hospitium a esos mismos invasores reconvertidos en foederati). Los conspiradores que habían acabado con Estilicón agitaron la bandera del “nacionalismo” romano frente a un líder semi-bárbaro que favorecía a las tropas bárbaras frente a las romanas y que había pactado vergonzosamente con Alarico. Los habitantes de las ciudades del norte de Italia no necesitaron más y se lanzaron contra las familias de los foederati que alojaban en sus casas. La masacre fue terrible. Después de conocer la suerte de sus familias, a los soldados bárbaros al servicio de Roma solo les quedaba una salida: se pasaron en masa al campo de Alarico. En pocos días el ejército romano había perdido a su general en jefe, a sus mandos principales y a 30.000 soldados de elite que, sedientos de venganza, pasaron a ingresar en el ejército del mayor enemigo de Roma. El ejército romano había perdido su superioridad sobre los ejércitos bárbaros y ya no volvería a recuperarla.

Alarico era en el año 410 el dueño indiscutible de Italia, mientras que Honorio no controlaba nada fuera de las murallas y los marjales de Rávena. El ejército del godo no había dejado de crecer, a su fuerza inicial se habían sumado los 30.000 antiguos foederati de Estilicón, 15.000 jinetes godos y hunos traídos desde el otro lado del limes por su cuñado Ataulfo, y 4.000 esclavos de origen germánico liberados por el senado de Roma. Un ejército romano de socorro enviado a Roma fue eliminado sin problemas en una emboscada. Por enésima vez Alarico trató de lograr un acuerdo favorable negociando con Honorio. Para tener mayor fuerza negociadora acampó bajo las murallas de Rávena. Las negociaciones parecía que avanzaban por buen camino, pero Saro, que había estado esperando acontecimientos, se decidió a actuar justo en ese momento. Al frente de 300 jinetes godos hizo una salida sorpresa y cayó sobre el campamento de Alarico sembrando la muerte y la destrucción entre los desprevenidos sitiadores. Antes de que los visigodos pudieran reaccionar Saro se retiró entrando en triunfo en la ciudad de Rávena, donde, mediante heraldos, declaró a Alarico traidor y enemigo del emperador. Honorio recompensó al líder godo otorgándole el título de magister militum. Sin duda esta intrépida acción logró devolver algo de confianza a los imperiales, huérfanos de victorias desde la caída de Estilicón, pero también es cierto que ese día Saro probablemente cambió el curso de la historia. Alarico, iracundo por la humillación sufrida de manos de su enemigo, declaró rotas las negociaciones y marchó con su ejército contra la ciudad de Roma. La Urbe caería el 24 de agosto del año 410, por primera vez después de 800 años un ejército extranjero entraba en al Ciudad Eterna.

Durante un par de años Saro permanece junto a Honorio, pero en el año 412 el godo abandona el ejército imperial. La razón aducida para esta acción es la supuesta indiferencia con la que el emperador respondió a las exigencias de Saro para que hiciera justicia y castigara al asesino de uno de sus seguidores. Parece más probable que el caudillo godo estuviera molesto por el papel secundario al que le habría relegado el ascenso del magister militum Constancio, nueva estrella del generalato romano que había triunfado donde Saro había fracasado: el romano había logrado en el año 411 acabar finalmente con las usurpaciones de Constantino y Geroncio. Saro pasó a la Galia y se puso al servicio de Jovino, un nuevo usurpador que se había alzado en el área del Rhin con el apoyo de alanos y burgundios.

Por esa misma época los visigodos, agotada Italia y fracasado su proyecto de pasar a África, cruzaron los Alpes con la intención de ofrecer también sus servicios a Jovino. Tras la muerte de Alarico en el 410 los visigodos estaban dirigidos por Ataulfo, que no solo había heredado de Alarico la corona de los visigodos, sino también su odio hacia Saro. De manera que en cuanto se enteró de que Saro estaba de parte de Jovino entabló conversaciones con Dardano, prefecto del pretorio fiel a Honorio y le propuso acabar con el usurpador en nombre de Roma, lo que demuestra que su odio hacia Saro tenía más fuerza que su aversión por Honorio. La primera acción de Ataulfo fue buscar a Saro y acabar con él. Lo sorprendieron a campo abierto acompañado por solo 28 de sus hombres. Ataulfo lanzó contra ellos una fuerza de 10.000 guerreros, pero Saro, que no puede ser acusado de cobarde, plantó cara a los atacantes pese a la evidente desproporción numérica. En su último combate Saro y sus hombres protagonizaron prodigios de valor vendiendo caras sus vidas, pero finalmente un guerrero visigodo lanzó un trozo de tela sobre la cabeza de Saro que de este modo pudo ser reducido por varios hombres y capturado vivo. Llevado a presencia de Ataulfo, éste lo cubrió de improperios y, finalmente, ordenó su ejecución. Siguiendo la costumbre germana, los seguidores del líder derrotado se integraron en el ejército del vencedor. De este modo podría haber ponerse punto final a la historia de Saro, pero lo cierto es que el odio hacia el linaje de Alarico que anidaba en su corazón le sobreviviría y se manifestaría de manera trágica algún tiempo más tarde.

En agosto del 415 Ataulfo es asesinado en Barcino (8) mientras inspeccionaba sus cuadras como solía hacer a diario. El asesino fue un tal Dubio, uno de los hombres de Saro, que con la muerte de Ataulfo vengaba la de su antiguo señor. Es difícil de creer que Dubio actuase de manera personal, puesto que, en los momentos de confusión que siguieron a la muerte de Ataulfo, un tal Sigerico logró hacerse proclamar rey de los visigodos. Sigerico era ni más ni menos que el hermano de Saro, y durante el poco tiempo en que se mantuvo en el poder demostró que la llama del odio hacia la estirpe de Alarico seguía viva en él y lo manifestó de un modo brutal: asesinó a los seis hijos de Ataulfo arrancándolos de la protección del obispo Sigesaro y humilló a Gala Placidia (9), viuda de Ataulfo, haciéndola caminar delante de su caballo durante varias millas. La reacción de los Baltos y sus seguidores acabó con Sigerico que solo reinó durante siete días.

Si las actuaciones de Saro hubieran sido otras tal vez la Historia sería diferente a la que conocemos hoy. Si Saro no hubiera asaltado las tiendas de Estilicón, ¿hubiera podido el general romano reconducir la situación, retomar el poder y evitar la ruina del ejército romano? Si Saro no hubiera atacado el campamento de Alarico frente a Rávena ¿hubieran llegado éste y Honorio a un acuerdo y se hubiera evitado el saqueo de Roma? Si la venganza por la muerte de Saro no hubiera llevado al asesinato de Ataulfo ¿hubiera tenido éste otro hijo con Gala Placidia, hijo que hubiera sido heredero de las coronas godas y romana uniendo a ambos pueblos bajo un monarca común? Aunque solo sea por estas razones el godo Saro merece no ser olvidado.

(1) Milán.
(2) Pollenzo.
(3) El ejército romano tardo-imperial se dividía en tropas de Comitatenses y de Limitanei, las primeras constituyendo el ejército de maniobra y las segundas las fuerzas de defensa fronteriza, consideradas de segunda clase.
(4) Fuerzas de auxiliares bárbaros al servicio de Roma pero al mando de sus propios jefes. Su importancia creció rápidamente desde el reinado de Teodosio.
(5) Vienne.
(6) Pavía.
(7) Bolonia.
(8) Barcelona.
(9) Mujer de increíble biografía: fue hija, hermana, esposa y madre de emperadores romanos y reina de los visigodos.
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Rudorik
Odinista


Registrado: 05 Sep 2008
Mensajes: 1617
Ubicación: Jaén/Granada

MensajePublicado: Mar Sep 16, 2008 2:57 pm    Título del mensaje: Responder citando

Gran historia si señor, en una época en la que el Imperio Romano occidental estaba muy germanizado, estas luchas reflejan más que una lucha Roma-bárbaros, una lucha entre bárbaros prorromanos contra bárbaros antirromanos.
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Ernust
Goðe


Registrado: 18 Sep 2006
Mensajes: 2286
Ubicación: Midgard

MensajePublicado: Mar Sep 16, 2008 3:51 pm    Título del mensaje: Responder citando

¡Has dado con la clave!

Entre los Godos siempre hubo dos facciones, una la nacionalista germánica, partidaria de conservar sus costumbres y tradiciones y otra la proromana, proclive a adaptarse a la cultura romana y a perder su propia identidad.

En la destrucción del estado Godo español, la facción nacionalista estaba representada por Hrodrik (Rodrigo), que es la que abogaba por la eleción democrática de los reyes y por otro lado la facción romanizante de Witiza que queria encarnar una monarquía hereditaria.

Nosotros, los herederos de Rodrigo, le honramos a la vez que hacemos votos para que nuestra religión vuelva a ser lo que fué. El espíritu guerrero godo corre por nuestras venas y es el que nos llevará a Vallahalla, cuando Freya y Odín, de acuerdo con las leyes del Örlog, decidan que hemos ganado los suficientes méritos para pasar a otro estadio superior de la existencia humana.

(Me gusta el lema) ¡Victoria o Walhalla!

Wassail
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"Llegaremos como fantasmas que somos desde la oscuridad y los aniquilaremos a todos..."
El miedo llamó a la puerta, la confianza abrió y fuera no había nadie.

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