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VÁNDALOS I Origen y migraciones.

 
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Odinista


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MensajePublicado: Mie Ene 07, 2009 12:58 pm    Título del mensaje: VÁNDALOS I Origen y migraciones. Responder citando

Vándalos I






Origen.

Los vándalos son citados por cronistas antiguos como Jordanés entre los pueblos de lengua óstica (al igual que los godos) asentados en el corazón de Europa. Parece ser que el término vándalo podría significar “los que cambian” o “los hábiles”. La existencia de topónimos relacionados con su nombre en Escandinavia (Vendel, Vendsyssel,…) ha llevado a formular la teoría de un lejano origen escandinavo y una migración a través del Báltico paralela a la que siguieron los godos y los hérulos. La sobrepoblación y los cambios que desde el siglo I D.C. enfrían el clima en Europa son las causas que se citan como detonante de las sucesivas migraciones a través del Báltico.

Algunos autores les relacionan con la cultura Przeworsk, lo que les ubica en la orilla sur del Báltico, entre los valles de los ríos Oder y Vístula, dentro de la confederación lugia o tal vez como aliados ocasionales de los lugios en el siglo I D.C. La mencionada confederación incluiría junto a los vándalos asdingos y silingos, a omanos, avaritos, buros, didunos, helvecones, naharvales, elisios, arios, manimios y otras tribus. Ésta confederación lugia tuvo frecuentes enfrentamientos militares con sus vecinos, especialmente con suevos, lombardos y cuados. Se sabe que les vencieron en torno al año 84 D.C. y que los cuados y los lombardos estuvieron sometidos a la confederación lugia durante un número indeterminado de años. Las guerras propiciaron cambios en la estructura de la confederación. Sin duda los cambios beneficiaron a los vándalos, pues varias tribus se alinearon en su estructura. Posteriormente los vándalos se asentaron en torno a las montañas de Silesia durante algo más de doscientos años.

Pablo el Diácono escribió en el siglo VII la Historia Gentis Longobardorum. En ella se menciona que los lombardos eran antes llamados winili y que tuvieron que enfrentarse con los vándalos. Según el autor, los vándalos eran poderosos y tenían la protección de Odín. Los winili (lombardos) inspirados por Frigg, urdieron una treta para que Odín retirara su apoyo a los vándalos y así consiguieron liberarse de ellos. La leyenda sobrevivió entre los lombardos durante varias generaciones más allá de la cristianización.

Jordanés narra en su obra De Origine Actibusque Getarum la rápida migración de los vándalos desde el Báltico hasta Silesia citando al historiador Publio Herennio Dexipo. En la segunda mitad del siglo II D.Cguerrero mientras las “guerras narcómanas” arrasaban las fronteras de Retia, Nórica y Panonia, los vándalos hicieron un primer intento de instalarse en Panonia pero los romanos tuvieron la habilidad de desviarles hacia la Dacia occidental (171). La migración de varios pueblos hacia el sur propició una nueva crisis en el siglo III en las fronteras renana y danubiana del Imperio. Según Jordanés, los dominios vándalos se extendían desde Silesia hasta el río Danubio. En el siglo III D,C, tenían a los godos al este, a los marcómanos al oeste y a los hermúndulos al norte. Al sur, quedaba el Imperio Romano. Para entonces los diferentes clanes vándalos (como los lacringos) ya se habían alineado en torno a los asdingos o los silingos.

Guiados por Rhaus y Rapt, los vándalos atacaron la frontera danubiana del Imperio en tiempos de Aureliano (271). La victoria romana les rechazó más allá del Danubio y en los acuerdos de paz los vándalos aceptaron enviar a 2.000 jinetes para servir de forma permanente en el ejército romano. Desde el año 275 la presión de los godos aumenta y los vándalos se vieron empujados hacia las fronteras del Imperio. Una vez más las legiones del emperador Probo defendieron las fronteras.

Jordanés menciona a un rey llamado Wisimar que procedía del linaje de los asdingos, el más poderoso de entre los vándalos en el siglo IV D.C. Por su parte los godos habían elegido por rey a Geberico, hijo de Hilderico, quien deseaba la expansión hacia occidente. Jordanés describe una batalla muy igualada a orillas del río Marisia (Muresul, Rumanía) que se decidió a favor de los godos a causa de la muerte en combate de Wisimar, rey de los vándalos. Los godos aprovecharon la victoria para saquear las tierras de los vándalos. A causa de esto algunas familias vándalas huyeron hacia Panonia y allí se establecieron bajo la tutela del Emperador Constantino durante sesenta años. Jordanés cita erróneamente que el Magíster Mílitum Estilicón les envió a saquear las Galias, confundiendo a los vándalos de Panonia con los asdingos y silingos que permanecían libres fuera del Imperio.

Migraciones.


Entre los años 370 y 375 una nueva fuerza aparece en los confines de Europa. Una fuerza con una capacidad de desestabilización como pocas se han visto en la Historia. Amiano Marcelino describe a los hunos como seres escasamente humanos. Les atribuye un hedor inmundo y una crueldad infinita. Sus cuerpos son robustos, de escasa estatura, arqueados y con las piernas cortas. Sus cabellos son lacios y su rostro imberbe es chato y con ojos pequeños. Les considera excelentes jinetes, buenos arqueros y seres absolutamente inútiles sin sus caballos. Sin lugar a dudas el autor romano describe a nómadas asiáticos, gentes absolutamente desconocidas para los romanos. Sus hordas combaten en grupos que atacan y retroceden disparando sus arcos. De esta forma diezman a sus rivales. Los restos arqueológicos hunos son escasos. Su cultura material era pobre incluso comparada con otros pueblos esteparios como los sármatas. Sin embargo su técnica militar es tan original como devastadora.

Sin lugar a dudas los hunos causaron una profunda impresión dentro y fuera del Imperio. En cinco años habían destruido los reinos alano, ostrogodo y visigodo y habían sojuzgado a gépidos y rugios. Naciones enteras se pusieron en movimiento aterrorizadas por las noticias que llegaban de oriente. Los vándalos también fueron víctimas de la desestabilización general que sufrió el continente. A comienzos del siglo V los asdingos, acosados por hordas hunas abandonan sus tierras y marchan hacia las fronteras renanas del Imperio junto a suevos, alanos, burgundios, etc… En los confines del Imperio los asdingos entraron en contacto con el cristianismo, seguramente en su forma arriana. Los silingos se acantonaron en las montañas de Silesia durante un tiempo. Finalmente fueron conscientes de que las montañas no podían protegerlos y siguieron a sus hermanos asdingos.

Los conflictos entre el Magíster Militum, Flavio Stilicón con Alarico, rey de los visigodos acantonados en los confines de los imperios oriental y occidental, obligaron al primero a tomar tropas de la frontera renana y usarlas en el norte de Italia. Cerca del solsticio de invierno del año 406 una ola de frío excepcionalmente severa azotó Europa occidental. El Rin se congeló. Las galeras que patrullaban la frontera quedaron bloqueadas, dañadas o hundidas. Una confederación de pueblos que abarcaba a los vándalos asdingos, silingos, alanos, suevos y burgundios cruzó la superficie del río y rompió la frontera. Inmediatamente los romanos movilizaron cuantas tropas tenían a su disposición en el sector Colonia - Maguncia – Treveris. Buena parte de sus unidades estaban integradas por francos o eran bandas de guerreros francos. Hubo una batalla despiadada en algún lugar incierto de los alrededores de Maguncia en la que los invasores se impusieron al Imperio gracias a la intervención decisiva de los alanos de Respondial. La frontera estaba rota. Varias ciudades fronterizas fueron saqueadas. Vándalos, alanos y suevos continuaron su marcha hacia el interior de la Galia mientras los burgundios se establecían en las comarcas que rodean la antigua frontera y una facción de los alanos, al mando del jefe Goar, se unía a las fuerzas del imperio romano.

La ruptura del limes occidental coincidió con la rebelión del usurpador Constantino III que alzó las provincias occidentales (Britania y Galia) contra el emperador Honorio. La ausencia de recursos militares y económicos, la falta de liderazgo en la corte de Rávena y el caos provocado por la guerra civil permitió a la coalición bárbara moverse por la Galia sin obstáculos y más tarde, pasar a una Hispania cuyas defensas habían sido destruidas por Geroncio, caudillo militar britano al servicio del usurpador Constantino III. Incapaces de asentarse en un territorio sin arriesgar su propia supervivencia, las gentes de la coalición se vieron forzados a vivir sobre el terreno, saquear y moverse deprisa. La entrada en Hispania abrió nuevas expectativas. Aunque las provincias orientales estaban bien comunicadas con Roma y defendidas por las escuadras del Imperio, las Occidentales carecían de las mismas posibilidades. Cada grupo se repartió los territorios occidentales de la provincia, arrinconando a los suevos en la mitad norte de la Gallaecia. Los influyentes vándalos silingos tomaron la Bética. Los alanos se extendieron por la Lusitania y la Cartaginense. Los asdingos, que habían sufrido notables bajas durante las migraciones, permanecieron entre la Lusitania y la Gallaecia. Los mencionados territorios debieron alimentar y sostener a toda la población emigrada u optar por convertirse en una zona de saqueo para las bandas del pueblo dominante en cada territorio.

El historiador Paulo Orosio sostiene que en la ocupación y asentamiento de Hispania no hubo acuerdo alguno con la autoridad imperial. Según otros autores el emperador Honorio aceptó la ubicación de las diferentes tribus en las provincias hispánicas y firmó un foedus con Godegiselo, rey de los vándalos asdingos, aunque solo como un hecho consumado e inevitable. Sea como fuere con el tiempo la corte de Rávena empezó a maquinar posibles actuaciones para exterminar a los invasores vándalos, alanos y suevos. La elección del rey visigodo Walia en el año 416 facilitó los planes de la corte imperial. Walia era inteligente. Tenía a su disposición el ejército que había forjado Alarico. Su pueblo era numeroso y pactar con el emperador le colocaba en una posición de poder frene a otros bárbaros y también frente a un imperio incapaz de defenderse. Ubicado en el sur de la Galia, su posición estratégica le permitía ser el árbitro de occidente. Walia movilizó su ejército, uno de los mejor entrenados de su tiempo y entró en Hispania. Primero se enfrentó a Fredbal, rey de los vándalos silingos. La victoria fue tan completa que los silingos fueron exterminados casi completamente. Los escasos supervivientes estuvieron vagando por Hispania durante unos años, tanteando la posibilidad de unirse a una u otra nación hasta que finalmente acabaron siendo incorporados a una gran confederación vándala. Walia movió su ejército hacia la Cartaginense y se enfrentó a Adda, rey de los alanos. Una vez más su victoria fue total. Adda cayó en combate como días antes había caído Fredbal. Los visigodos se retiraron a sus dominios de la Galia con un abundante botín y con la sensación de que eran los árbitros de cuanto ocurría en Occidente. Roma festejó las victorias de Walia como si fueran propias.

La estructura del poder bárbaro en Hispania cambió notablemente pero quedaron muy lejos de los resultados que la corte imperial deseaba. La guerra debilitó notablemente a los invasores y provocó una guerra por la supremacía entre suevos y vándalos asdingos (419), pero las circunstancias desfavorables forjaron una alianza entre los débiles alanos, los casi exterminados silingos y los asdingos. De este modo quedaron dos líderes enfrentados sobre suelo peninsular. El rey suevo Hermanarico y el vándalo Gunderico, hijo de Godegiselo, al frente de la confederación.

En aquél entonces tuvieron lugar en Hispania unos sucesos de especial trascendencia para el futuro de los vándalos. Desde la ruptura de las fronteras romanas, la corte imperial, sabedora de su debilidad militar, había dictado una norma de singular importancia: -Aquella persona que adiestrara a los bárbaros en las artes de la navegación sería condenada a muerte. Con esta norma la corte pretendía sostener su dominio sobre el Mediterráneo, controlar el comercio y sobre todo, proteger la producción agraria de África que en aquél entonces era el granero del imperio. Las cosechas de África alimentaban a la capital, a los funcionarios y al ejército. Además servían para comprar ejércitos bárbaros con los que defender los intereses de Roma a través del pago en trigo o “anonae”. Era de vital importancia mantener África fuera del alcance de los bárbaros y controlar el mar para que nadie pueda molestar el tráfico de mercancías hacia Roma. Fue en aquellos días cuando la población de Hispania adiestró a los vándalos en el arte de la navegación.

¿Por qué lo hicieron? Nos es desconocido. Las hipótesis más aceptables plantean la posibilidad de que vándalos e hispanos llegaran a un acuerdo para desarrollar actividades de piratería y saqueo y repartirse el botín. Unos ponen los barcos y otros las armas. También cabe la posibilidad de que los hispano – romanos fueran intimidados por los vándalos, pero es necesario recordar que hablamos de un periodo de escasez, crisis frumentaria, altos impuestos, estado opresor, funcionariado corrupto y destrucción por parte del cristianismo de los valores tradicionales de la sociedad romana. Con un panorama como el que he mencionado no es difícil encontrar aliados para cualquier empresa de saqueo por lo que la primera opción es la más aceptada. Los vándalos aprendieron a navegar y usaron sus flotillas en expediciones de saqueo a lo largo de las costas más cercanas a Hispania.

Una vez más Roma comprendió que era necesario aplicar un correctivo a los vándalos y organizó un poderoso ejército con elementos romanos y visigodos para colocarlo a las órdenes del Magíster Militum Castino, el mejor general del imperio. El ejército entró en la Tarraconense y localizó a la confederación (422). Durante días persiguieron a los vándalos y a sus aliados hasta acorralarlos pero, en tal circunstancia, los vándalos se adelantaron en el ataque, desbordaron las filas romanas y les derrotaron completamente. Tarraco y otras ciudades del Mediterráneo fueron saqueadas. La confederación vándala había expulsado a las fuerzas imperiales de Hispania y había preservado su supervivencia por un tiempo.

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