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VÁNDALOS III Talasocracia y ocaso

 
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MensajePublicado: Mie Ene 07, 2009 1:23 pm    Título del mensaje: VÁNDALOS III Talasocracia y ocaso Responder citando

Vándalos III



Talasocracia.

Genserico, rey de vándalos y alanos (428-477) fue sucedido por su segundo hijo Hunerico, (477-484) puesto que el primogénito, Genzón, había muerto. No tenía el tacto, ni la astucia de su padre por lo que los problemas empezaron a crecer en el seno del reino vándalo.

El primer conflicto lo creó el propio Hunerico al cambiar la política de “indiferencia ante las religiones” de su padre por una confrontación directa contra las diferentes iglesias cristianas de África. Su intento de expulsar a los maniqueos le granjeó la enemistad de arrianos y católicos. Los disturbios se sucedieron durante su reinado. Finalmente Zenón, emperador de Constantinopla, impuso la elección e Eugenio como obispo de Cartago en el 481. Al contrario que sus antecesores en su cargo, entregados a las conjuras políticas y a los enfrentamientos religiosos, el obispo Eugenio se dedicó a la labor pastoral y a mediar en los enfrentamientos sociales de su tiempo. Por esta razón su prestigio e influencia se extendió entre romanos y vándalos, lo que irritó terriblemente a Hunerico.

El segundo conflicto grave del reinado de Hunerico fue la sublevación de los maurii. La alianza que éstos tenían con Genserico y que tantos beneficios había dado a todos, quedó rota. Desde el reinado de Hunerico en adelante habrá que contar con maurii aliados, (los menos) y maurii rivales que van formando sólidas monarquías como la del monte Aurasio. Las luchas serán inevitables. La influencia vándala comienza a sentirse únicamente en la costa y en las llanuras circundantes.

La supremacía naval perduró durante el reinado de Hunerico, por lo que no hubo conflictos graves con otras naciones. El comercio y el corso mantuvieron abiertos los flujos de riqueza hacia Cartago y las escuadras vándalas regentaron las aguas del Mediterráneo como en otros tiempos.



Ocaso.

Guntamundo, hijo de Genzon y sobrino de Hunerico le sucedió en el trono (484-496) siguiendo el sistema de Genserico. Guntamundo fue un soberano tranquilo y tolerante. Bajo su gobierno desaparecieron las persecuciones a la Iglesia Católica a la que restauró la basílica de San Agileo.

En política exterior tuvo que aceptar la conquista de Sicilia por los ostrogodos de Italia (491), lo que demuestra que la flota vándala empezaba a dar muestras de debilidad.

***

Tarasmundo, hermano de Guntamundo, le sucedió en el trono (496-523). A comienzos de su reinado intentó provocar la conversión de católicos al arrianismo a través de simpatía, diálogo, cargos, regalos, etc… Cuando no conseguía su objetivo eludía hablar sobre el tema, como si la conversión se hubiera realizado. Con el paso del tiempo su carácter se volvió menos tolerante y el conflicto entre estado vándalo y la Iglesia Católica se endureció hasta el punto de verse obligado a exiliar en Cerdeña a 120 obispos católicos de África.

En política exterior Tarasmundo pudo contemplar el advenimiento de una nueva potencia en el Mediterráneo, el reino ostrogodo de Italia. Teodorico, su rey, aspiraba a convertirse en “primus inter pares” respecto a todos los soberanos germánicos de su tiempo. Tarasmundo temía una invasión de su reino desde Italia, pero su diplomacia arregló el matrimonio del vándalo con Amalafrida, hermana de Teodorico el ostrogodo. La dote de la novia incluyó cerca de 6.000 guerreros godos y la provincia de Lilibeo en Sicilia, que fue entregada a los vándalos.

En el año 510 Guenfan, un caudillo de los maurii de la región de Bizacio, se independizó y formó su propio reino.

Poco antes de morir, Tarasmundo emprendió una campaña contra Cabaón, reyezuelo de los maurii de Tripolitania. Ambos ejércitos se encontraron sobre una llanura. Los maurii usaban camellos. Se acercaban al ejército vándalo, lanzaban sus venablos y se retiraban. La caballería vándala tenía problemas para seguir a los maurii. Los caballos rehusaban acercarse a los malolientes camellos. El ejército vándalo fue derrotado y diezmado durante su retirada. Poco tiempo después del desastre Tarasmundo murió.

***

Tarasmundo fue sucedido por su primo Hilderico (523-530), hijo de Hunerico y la princesa imperial Eudoxia. Hilderico carecía de amor por las armas. Además, influido por su madre (católica y romana), optó por una política de tolerancia religiosa total que permitió a muchos obispos exiliados retornar a sus diócesis. La Iglesia Católica de África se reorganizó y su influencia fue creciendo lentamente.

En política exterior las relaciones con Constantinopla fueron óptimas. Los emperadores Justino y Justiniano intercambiaron embajadas y regalos de forma habitual con Hilderico.

Las relaciones con sus vecinos maurii no fueron tan buenas. Hubo una situación de guerra abierta en la que los vándalos nunca tuvieron la iniciativa. Los temas bélicos fueron dejados en manos de un primo de Hilderico llamado Hoamer “el Aquiles de los vándalos”. A pesar de los esfuerzos y las victorias de Hoamer y otros quiliarcas vándalos, en el año 530 Antalas, hijo de Guenfan, y reyezuelo de los maurii de Bizacio, derrotó completamente a los vándalos. El terror que produjo la derrota llevó a la corte vándala a la idea paranoica de que los godos de Amalafrida eran agentes de Teodorico destinados a colaborar con los maurii en la desintegración de los vándalos para facilitar una invasión desde Italia. Amalafrida fue encarcelada y su guardia gótica asesinada. Teodorico ni siquiera se planteó la venganza porque su debilidad en el mar hacía inviable una invasión de África.

La tolerancia religiosa con el catolicismo no fue aceptada por un sector importante de la población, especialmente por la nobleza arriana. Un movimiento integrado por descontentos se fue haciendo más y más fuerte, lo que demuestra que el arrianismo se había fortalecido en un sector de la población vándala. Uno de los héroes de las guerras con los maurii, Gelimer, encabezó una revuelta palaciega que depuso a Hilderico y le llevó a prisión. Los hijos de Hilderico escaparon a Constantinopla y pidieron a Justiniano que interviniera en África para deponer a Gelimer.

***

Gelimer (530-534) era hijo de Geilaris, nieto de Genzon y biznieto de Genserico. Procopio de Cesarea le define como “inflexible, de mal carácter y un completo experto en el arte de fomentar revueltas”. La forma en que tomó el poder fue calificada de tiránica por sus contemporáneos lo que dio al emperador Justiniano el pretexto que necesitaba para intervenir en África.

Gelimer había encerrado cuantos había encontrado en la corte de Hilderico. A Hoamer, “el Aquiles de los vándalos”, le arrancó los ojos y le mantuvo con vida por un tiempo. La correspondencia con Justiniano nos detalla los prolegómenos de la futura crisis política.

El emperador Justiniano consiguió una paz estable con los persas para concentrar su esfuerzo de guerra en África. Construyó una flota de 500 barcos de transporte y 92 drómones de combate con una dotación de 30.000 marinos, jonios, cilicios y egipcios. Reunió un ejército de 10.000 infantes, 5.000 jinetes, 400 hérulos, 600 hunos y 2.000 bucelarios de Belisario. Muchos de estos soldados eran veteranos. Belisario, héroe de las guerras persas y represor de la revuelta Nika, es colocado al frente del ejército.

Antes de enviar la flota Justiniano se encontró con una circunstancia muy favorable: Godas, gobernador de Cerdeña, se subleva contra Gelimer y se independiza. El rey de los vándalos envía una flota de 120 galeras y 5.000 guerreros vándalos al mando de Tzazon (hermano de Gelimer) para deponer a Godas. Los vándalos habían dividido sus fuerzas.

El viaje no estuvo exento de problemas pero, tras una escala de avituallamiento en Sicilia, desembarcaron el ejército a cinco días de marcha de Cartago. En su avance, los romanos contaron con el apoyo de la Iglesia Católica. Las ciudades, carentes de murallas o guarniciones sólidas, se rendían sin lucha. Fue una marcha triunfal.

Gelimer optó por plantar cara sin esperar el retorno de su hermano con las tropas destacadas a Cerdeña, no sin antes ordenar el asesinato de Hilderico. Movilizó unas fuerzas de cerca de 30.000 guerreros en tres columnas, una al mando de su hermano Amatas, otra al mando de su sobrino Gibamundo y otra bajo su dirección. Las tres columnas debían envolver al enemigo cerca de Ad Decimum, pero su marcha era irregular y muy poco coordinada. La mayor parte de las tropas habían sido reclutadas recientemente y carecían de un adiestramiento elemental. Amatas se adelantó con una pequeña unidad de caballería y contactó con los romanos. A pesar de la inferioridad numérica, Amatas doblegó a sus rivales hasta que se produjo su muerte. Los vándalos se vinieron abajo y huyeron hacia Cartago. La columna que les seguía hizo lo propio. Las tropas de Gibamundo fueron aniquiladas por los 600 hunos de Belisario. Por su parte, la columna de Gelimer derrotó a una vanguardia romana y ocupó una colina cerca de Ad Decimum.

Procopio de Cesarea sostiene que si Gelimer hubiera avanzado habría topado con el ejército de Belisario en completo desorden y lo hubiera destruído. De haber retrocedido hacia Cartago, habría alcanzado a las dispersas tropas que batieron a Amatas y las habría aniquilado. No hizo nada, salvo llorar y lamentar la muerte de su hermano Amatas. Belisario agrupó y ordenó sus tropas y avanzó. Los vándalos huyeron hacia el noroeste. Belisario tuvo el camino abierto hacia Cartago (octubre de 533), donde la población romana había abierto el puerto a la flota imperial.

Belisario ocupó el trono de Gelimer en nombre del emperador. Mientras sus tropas saqueaban las propiedades de los vándalos (respetando las de los romanos) prometió respetar a cuantos vándalos se rindieran y refugiaran en santuarios, aunque luego los cargó de cadenas y envió a Constantinopla como esclavos.

Gelimer agrupó a los vándalos que huyeron en los confines de Numidia y envió mensajeros a Teudis, rey de los visigodos. Pretendía conseguir una alianza militar con los visigodos de Hispania, pero Teudis estaba al tanto de la situación y no quiso suscribir la alianza. También envió mensajeros a Tzazon, hermano de Gelimer, que para aquel entonces ya había recuperado Cerdeña. Tzazon embarcó su ejército y desembarcó en Numidia. Ambos hermanos organizaron una nueva fuerza y marcharon hacia Cartago. El ejército de Belisario salió a su paso.

La batalla tuvo lugar en Tricameron a mediados de diciembre. El ejército romano, esta vez superior, ataca por tres veces el centro vándalo al mando de Tzazon y por tres veces son rechazados, pero el hermano del rey muere y sus tropas empiezan a decaer. Con la destrucción del centro vándalo el resto del ejército se entrega a la huída.

Belisario envió a la flota romana a rendir las islas del Mediterráneo con la cabeza de Tzazon empalada como símbolo del destino de los vándalos. Una tras otra, Córcega, Cerdeña, Baleares, caen manos imperiales sin lucha.

Gelimer se refugia en el monte Papúa, una posición de fácil defensa. Las tropas de Belisario le rodean e intentan tomar el monte pero fracasan. Gelimer y un puñado de fieles resisten el invierno asediados, hambrientos y sedientos hasta la primavera del año 534, momento en que se entregan a Belisario. El reino vándalo se convierte en una provincia del Imperio Romano de Oriente.



***

Belisario volvió a Constantinopla y celebró la victoria y su nombramiento como cónsul ante el emperador y sus súbditos en el hipódromo de la ciudad, donde hizo desfilar los tesoros de sus enemigos. Luego marcharon los vándalos capturados y el propio Gelimer, todos ellos cargados de cadenas.

El último rey vándalo terminó sus días en un latifundio de Galacia que el emperador Justiniano le entregó para su uso y disfrute. La administración imperial escogió los 2.000 vándalos mejor entrenados para la guerra y los convirtió en una unidad de choque (Vandali Justiniani). Fueron enviados a la frontera persa para servir al emperador, aunque 400 se amotinaron en sus barcos y huyeron a África. El resto de la nación vándala fue vendida en los mercados de esclavos.

Los vándalos más afortunados habían escapado a Hispania donde fueron bien recibidos por los visigodos. Con el tiempo se mezclaron en la sociedad goda y su rastro desapareció.

De aquellos que se quedaron en África, algunos terminaron sus días en la esclavitud, sirviendo a los soldados del imperio que les habían capturado. Procopio de Cesarea menciona la belleza de las mujeres vándalas y lo afortunados que se sentían los soldados de Belisario, gente de origen humilde, de haber conseguido la propiedad de una o varias de aquellas mujeres.

Las tierras de los vándalos fueron confiscadas. Una ley permitió reclamar su propiedad a los romanos que las poseían antes de la llegada de los vándalos, ley que benefició sobre todo a los obispados católicos de África.

No todos los vándalos de África terminaron como esclavos. Algunos se refugiaron entre los maurii, convivieron con ellos y lucharon a su lado contra las tropas imperiales. Al igual que los vándalos de Hispania, su rastro ha desaparecido. Otros, ignorados u olvidados por la administración imperial, subsistieron en sus propiedades.

Tras la conquista, África padeció largos años de sangrientas guerras. Los maurii no aceptaron la autoridad ni las arbitrariedades de los romanos. Los propios mandos del ejército imperial se alzaron en armas unos contra otros en interminables guerras civiles que fueron el verdadero motivo de la devastación de África. Una de las revueltas fue provocada por motivos religiosos. Una ley de Justiniano de 1 de agosto de 535 prohibió los cultos pagano, donatista, arriano y judío en la provincia e África. Muchos de los damnificados por la ley se alzaron en armas. Los 400 vandali justiniani que habían desertado, se unieron a ellos. Guerreros que se habían ocultado en las montañas, hunos de Belisario, maurii, soldados imperiales con ansia de botín o seguidores de los cultos prohibidos, se sumaron a la revuelta que eligió a un alto oficial del imperio como jefe. Estotzas fue capaz de sumar a los descontentos y marchar sobre Cartago. A su muerte Juan “el tirano” ocupa su puesto y entra en Cartago con otros usurpadores. En el año 545 una conjura provocó el asesinato de los jefes de la sublevación y de numerosos vándalos en Cartago. Los supervivientes que no escaparon fueron enviados a Constantinopla y la ciudad fue devuelta a Justiniano.

Para entonces los campos habían sido devastados. Los romanos de África vivían en la miseria y temían tanto los ataques de los maurii como las depredaciones de los soldados. Las guerras aún duraron varias décadas. El antiguo regnum vandalorum al que afluían las riquezas de todo el Mediterráneo, se convirtió en una de las provincias más pobres del Imperio Romano de Oriente.
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