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Ibn-Faladan y los Rus.

 
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wolfie
Odinista


Registrado: 07 Feb 2011
Mensajes: 56
Ubicación: En la Sierra de Madrid.

MensajePublicado: Jue May 05, 2011 6:47 pm    Título del mensaje: Ibn-Faladan y los Rus. Responder citando

Seguro que habéis visto la película "El guerrero número 13". Está basada en una novela de Michael Crichton, que a su vez está basada en el relato (histórico y real) que dejó un árabe, Ibn-Faladan, sobre un encuentro con la tribu de los Rus en uno de sus viajes.

Los Rus eran una tribu muy poderosa (llegaron a poner bajo asedio a Constantinopla), y se cree que tenía fuertes relaciones con los vikingos. Así que es una suerte enorme que nos haya llegado el relato de Faladan, que es el único relato de primera mano que conozco sobre paganismo medieval. El texto es curiosísismo: aunque Ibn-Faladan tiene bastantes prejuicios (los musulmanes aborrecen la idolatría mucho más que los cristianos, y detestan la costumbre de beber alcohol; creo que también desprecia un tanto a los Rus por ser menos civilizados), lo cierto es que este hombre tenía una curiosidad casi digna de un antropólogo.

He encontrado una versión en inglés de su relato en la excelente página Viking Answer Lady ( http://www.vikinganswerlady.com/ibn_fdln.shtml#Risala ) y me he decidido a traducirla por si os interesa. En muchas partes es tremendamente brutal y desagradable, pero personalmente me fascina. Hay descripciones de creencias y costumbres que no he visto en otra parte.

Y perdonad si mi traducción no es del todo elegante. Allá va: es parte del libro de viajes que Ibn-Faladan escribió, el Risala.



Risala: El relato de Ibn-Fadlan sobre los Rus.

§80. He visto a los Rus que, dedicados a sus viajes comerciales, acamparon a las orillas del Volga. Nunca me había encontrado con gente tan agraciada físicamente, altos como palmeras, rubios y sonrosados; no usan ni túnica ni caftán, sino que los varones llevan una prenda que cubre medio cuerpo y deja una mano libre.

§81. Cada hombre tiene un hacha, una espada y un cuchillo, que llevan consigo en todo momento. Las espadas son anchas y acanaladas, como las de los Francos. Cada hombre está tatuado desde las uñas de los dedos hasta el cuello con motivos de color verde oscuro (o verde, o azul oscuro), representando árboles y otras figuras.

§82. Todas las mujeres llevan en cada pecho una caja de hierro, plata, cobre u oro; el valor de la caja indica la riqueza del marido. Cada caja tiene un anillo del que cuelga un cuchillo. Las mujeres lucen en su cuello aros de oro y plata, uno por cada 10000 dirhams que posea su marido; algunas mujeres tienen muchos. Sus más preciados ornamentos son cuentas de cristal verdoso de la misma hechura que los objetos cerámicos que uno encuentra en sus barcos. Comerican con esas cuentas entre ellos y por ellas pagan sumas desorbitadas, pues compran cada una por un dirham. Las hilvanan en collares para ornato de sus mujeres.

§83. Son las más sucias de las criaturas de Dios. No muestran modestia al defecar u orinar, ni se lavan tras sus poluciones, ni lavan sus manos tras comer. En esto son como los asnos salvajes. Cuando viniendo de sus tierras se establecen, o amarran en las orillas del Volga, que es un gran río, construyen grandes casas de madera a la vera del río, cada una de las cuales acoge de diez a veinte personas más o menos. Cada hombre tiene un sillón en el que se sienta. Con ellos hay bellas esclavas destinadas a la venta: es normal que un hombre tome a una esclava mientras sus acompañantes miran. Aveces grupos enteros se comportan de esta manera, cada uno en presencia de los demás. Un mercader que desee comprar una esclava puede tener que esperar y mirar hasta que el Rus haya terminado con la esclava.

§84. Cada día sin falta lavan sus caras y cabellos, y esto lo hacen de la manera más repugnante posible: a saber, cada mañana una sierva trae un gran recipiente de agua. Este recipiente lo ofrece a su amo, el cual lava sus manos, cara y cabellos-- éstos los lava y alisa con un peine en el agua; entonces aclara su nariz y escupe en el agua. Cuando ha terminado, la sierva toma el recipiente y lo lleva a la siguiente persona, que se conduce de igual manera. Así va llevando el recipiente de uno a otro a todos los miembros de la casa, y cada uno aclara su nariz, escupe y lava su cara y cabellos en el agua.

§85. Cuando los barcos llegan a este atracadero, todos se vienen a tierra con pan, carne, cebollas y bebidas intoxicantes, y se acercan a un alto poste de madera en el que hay tallado el rostro de un hombre, rodeado de figuritas, tras el cual hay largas estacas clavadas en el suelo. El Rus se postra ante el poste y dice, "Oh mi Señor, he venido de una tierra lejana y traigo conmigo tal número de mujeres y tal número de pieles de marta", y depositando su ofrenda, continúa, "deseo que me envíes un mercader con muchos dinares y dirhams, que me compre todo aquello que yo desee y no discuta nada de lo que yo le diga." Entonces se marcha.

Si tiene dificultades para vender sus mercancías y su estadío se prolonga, volverá con ofrendas una segunda o tercera vez. Si todavía tiene dificultades, dedicará ofrendas a todos los pequeños ídolos y pedirá su intercesión, diciendo "Esas son las esposas de nuestro Señor, y sus hijas e hijos." Y se dirige a cada ídolo por turno, pidiendo su intercesión y orando humildemente. A menudo el comercio transcurre sin problemas, y al finalizar dice, "Mi Señor ha satisfecho mis deseos, debo agradecérselo," y tomando una cierta cantidad de ovejas u otro ganado los sacrifica y, ofreciendo parte de la carne a los necesitados, toma el resto y lo deposita ante el ídolo y las figuritas que lo rodean, y cuelga en las estacas las cabezas de las ovejas o ganado. Por la noche los perros vienen y lo comen todo, pero el que ha hecho la ofrenda dice, "En verdad que mi Señor está satisfecho conmigo y ha consumido el regalo que le traje."

§86. Si alguno se pone enfermo, es llevado a una tienda aparte con algo de pan y agua, y nadie se acerca a hablar con él. Ni siquiera vienen a verlo cada día, especialmente si es pobre o un esclavo. Si se recupera, vuelve con el resto, y si muere lo queman. Pero si es un esclavo lo dejan para que se lo coman los perros y aves de rapiña. Si los Rus capturan un ladrón o bandido, lo cuelgan de un árbol bien alto y allí lo dejan hasta que su cuerpo cae a pedazos.

§87. He oído que a la muerte de sus miembros más distinguidos hacen muchas cosas, de las cuales la menor es la cremación, y me interesé por saber más. Al fin supe de la muerte de uno de los más grandes entre ellos. Lo depositaron en una tumba y sobre ella pusieron un techo, esperando diez días mientras cortaban y cosían ropajes para el difunto.

Si se trata de un hombre pobre, toman un pequeño barco, en el que lo depositan y luego queman. Si por el contrario es rico, toman todos sus bienes y, dividiéndolos en tres partes, dan una a su familia, otra parte la dedican a pagar sus ropas, y una tercera a hacerse con bebidas intoxicantes, que consumen hasta el día en que una esclava se mate para arder con su amo. Se embrutecen con esta cerveza noche y día, y en ocasiones alguno de ellos muere copa en mano.

§88. Cuando el hombre del que he hablado murió, se preguntó a sus esclavas, "¿Quién de entre vosotras morirá con él?" Una de ellás respondió, "Yo." Se la dejó entonces al cuidado de dos chicas, que la atendían y acompañaban a todas partes, al punto de que en ocasiones ellas mismas lavaban sus pies. Mientras, se confeccionaban los ropajes para el difunto y se preparaba todo aquello de lo que había necesidad. Entre tanto la esclava bebe cada día y canta, entregándose al placer.

§89. Cuando llegó el día en que el hombre debía ser quemado, y con el la chica, fui al río en que estaba su barco. Ví que estaba varado en la orilla, y que habían alzado cuatro postes de abedul y otras maderas, y que cerca del barco había una estructura de madera con la forma de una gran tienda. Entonces arrastraron el barco hasta que estuvo dentro de esta construcción de madera. Comenzaron a ir y venir y a decir palabras en una lengua que no entendía, mientras el hombre estaba todavía sepultado en su tumba. El décimo día volvieron a llevar el barco junto a orilla. En medio del navío levantaron una cúpula o pabellón de madera, tapizándolo con todo tipo de especies. Entonces trajeron un sillón y lo pusieron en el barco, cubriéndolo con un colchón de brocado griego. Una amciana a la que llaman el Ángel de la Muerte depositó entonces sobre el sillón los ropajes que mencioné antes. En ella quien se encarga de diseñarlos, y de organizar todo, y es ella quien mata a la esclava. Vi que se trataba de una mujer robusta, gruesa y baja.

Cuando fueron a la tumba, retiraron la tierra sobre la madera, luego la madera, y tomaron el cuerpo vestido con las ropas que llevaba al morir. Vi que estaba ennegrecido por el frío de estas tierras. Habían puesto bebida, fruta y un instrumento de cuerda en la tumba; lo retiraron todo. El cadáver no olía mal, y sólo su color había cambiado. Lo vistieron con pantalones, medias, botas, una túnica y un caftán de brocado con botones de oro. Y le pusieron un un sombrero de pieles y brocado. Entonces lo llevaron al pabellón en el barco. Lo sentaron en el sillón y lo irguieron con ayuda de cojines. Trajeron bebidas intoxicantes, frutas y plantas aromáticas, que situaron junto a él, luego pan, carne y cebollas, que le pusieron enfrente. Trajeron un perro, al que cortaron en dos y pusieron en el barco. Entonces trajeron sus armas y las pusieron a su lado. Luego tomaron dos caballos, los ejercitaron hasta que rompieron a sudar; entonces los cortaron en pedazos con espadas y los pusieron en el barco. Luego mataron un gallo y un gallina y los tiraron dentro. La esclava que deseaba morir iba de aquí para allí y entraba en cada una de las tiendas, y el señor de cada tenía relaciones con ella y decía, "Díle a tu amo que he hecho esto por amor a él."

§90. El viernes por la tarde llevaron a la esclava a una construcción semejante al marco de una puerta. Pusieron sus pies en las manos de los hombres y la levantaron para mirar por encima del marco. La esclava dijo unas palabras y entonces la bajaron. Una segunda vez la levantaron y ella hizo lo mismo; luego la bajaron. La levantaron una tercera vez, y ella se comportó como en las dos veces anteriores. Le trajeron una gallina; cortándole la cabeza, que descartó, tomó entonces la gallina y la puso en el barco. Pregunté al intérprete qué había hecho. Me respondió, "La primera vez que la levantaron, dijo 'Mirad, veo a mi padre y a mi madre.' La segunda vez, 'Veo a todos mis ancestros sentados.' La tercera, 'Veo a mi amo sentado en el Paraíso, y el Paraíso es hermoso y verde; con él hay hombres y pajes. Me llama. Llevadme a él.'" La llevaron al barco. Quitándose los dos brazaletes que llevaba, los entregó a la anciana llamada Ángel de la Muerte, que había de matarla; entonces se quitó los dos anillos que llevaba y los entregó a las dos chicas que le habían servido, y que eran las hijas de la mujer llamada Ángel de la Muerte. Entonces la subieron al barco, pero no le hicieron entrar en el pabellón.

Los hombres vinieron con escudos y varas. Le entregaron una copa de bebida intoxicante; cantó mientras la tomaba y bebía. El intérprete me dijo que de esta manera se despedía de sus compañeras. Entonces le dieron otra copa; la tomó y cantó largo rato mientras la anciana la incitaba a apurarla y entrar en el pabellón donde yacía su amo. Vi que estaba distraída; quería entrar en el pabellón, pero asomó su cabeza entre el mismo y el barco. Entonces la anciana, asiéndola por la cabeza, le hizo entrar en el pabellón con ella. Simultáneamente los hombres empezaron a batir sus escudos con las varas, de forma que sus gritos no pudieran ser oídos por las otras esclavas y así no buscaran escapar a la muerte con sus amos. Entonces seis hombres entraron en el pabellón y cada uno mantuvo relaciones con la chica. Luego la reclinaron al lado de su amo; dos sujetaron sus pies y otros dos sus manos. La anciana conocida como Ángel de la Muerte volvió al pabellón y rodeó su cuello con una cuerda, dando un extremo de la misma a los dos hombres para que tiraran. Entonces se acercó a ella con una daga de hoja ancha, que hundió entre sus costillas repetidas veces, y los hombres la estrangularon con la cuerda hasta que estuvo muerta.

§91. Entonces el pariente más cercano del hombre muerto, tras haber depositado a la chica que habían matado junto a su amo, vino, tomó un tizón que prendió en un fuego, y caminó hacia atrás dando su espalda al barco y mirando a la multitud, llevando en una mano el tizón y con la otra cubriéndose el trasero, pues estaba completamente desnudo, con el propósito de prender la madera que había debajo del barco. Entonces la gente vino con leña y ramas, cada uno con un trozo encendido, y los depositaron en la madera bajo el barco. Las llamas prendieron la madera, y luego el barco, el pabellón, al hombre, la chica, y todo lo demás que contenía. Un viento poderoso y temible empezó a soplar, y las llamas se volvieron más fieras e intensas.

§92. Escuché a uno de los Rus hablar a mi intérprete, que estaba presente. Le pregunté que había dicho. Me respondió, "Ha dicho, 'Los árabes sois tontos.'" "¿Por qué?" Le pregunté. Me dijo, "Tomáis a la gente que más queréis y honráis y los dejáis bajo el suelo, donde insectos y gusanos los devoran. Nosotros lo quemamos en un momento, y así entra al Paraíso enseguida." Y de hecho no había pasado una hora antes de que el barco, la madera, la chica y su amo habían sido reducidos a cenizas y ascuas.

Entonces levantaron en el lugar donde había estado el barco algo así como una pequeña colina redonda, en el medio de la cual levantaron un gran poste de madera de abedul, y en él escribieron el nombre del hombre y el del rey de los Rus, y luego partieron.

§93. Es costumbre de los reyes de los Rus tener en sus palacios cuatrocientos hombres, los más valientes y en los que más pueden confiar. Esos son los hombres que mueren con él y que se dejan matar por él. Cada uno tiene una esclava que le sirve, lava su cabeza y prepara todo lo que come y bebe, y también otra esclava con la que duerme. Estos cuatrocientos hombres se sientan junto al trono del rey, que es enorme y está adornado con piedras preciosas. Con él en su trono se sientan cuarenta esclavas destinadas a su lecho. Ocasionalmente tiene relaciones con alguna de ellas en presencia de los compañeros de los que hemos hablado, sin bajarse del trono. Cuando necesita responder a una llamada de la naturaleza, usa un recipiente. Cuando quiere cabalgar, se trae su caballo al trono y entonces monta. Si desea desmontar, lo hace de manera que desmonte en el trono. Tiene un teniente que dirige sus tropas, hace la guerra a sus enemigos y concede audiencias a sus súbditos.

Los mejores de entre ellos tienen inclinación a curtir pieles y no se avergüenzan de tan baja ocupación. Las prendas de estas tierras y localidades son famosas, especialmente las de su capital, que se llama Kyawh. Famosas y notables ciudades de los Rus son Crsk y Hrqh.
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Pablo-Bracamonte
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MensajePublicado: Vie May 06, 2011 10:23 pm    Título del mensaje: Responder citando

Saludos wolfie...

Muchas gracias por el escrito, me ha parecido de lo más interesante. La verdad es que en la pelicula mencionada " el guerrero nº 13" escenificaron bastantes detalles de los que aquí traduces.

Buen trabajo y gracias de nuevo por aportarlo aquí.





Honor, coraje, verdad, hospitalidad, perseverancia, laboriosidad, disciplina, confianza y fidelidad.

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Pablo-Bracamonte Gautarson
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wolfie
Odinista


Registrado: 07 Feb 2011
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MensajePublicado: Sab May 07, 2011 12:54 pm    Título del mensaje: Responder citando

Gracias, me alegro de que lo encuentres interesante. Al leer tu comentario me he animado a volver a ver la película.

También me he acordado de haber leído algo semejante a este funeral en los libros de algún historiador griego. Voy a ver si excavo un poco y encuentro la relación.

¡Saludos!
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gilwellian
Althing


Registrado: 13 Nov 2009
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MensajePublicado: Dom Jun 19, 2011 2:40 pm    Título del mensaje: Responder citando

He disfrutado mucho con la lectura de Wolfie, esplendido.
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